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Levantarse

Prefiero ser una amargada que seguir con el antifaz. Porque el mundo exige que seas de una determinada manera para que puedas encajar en él, pero llega un momento en que descubres que hace años que eres una pieza diferente y que por mucho que que te amoldes nunca encontrarás tu sitio en ese puzzle. Si me hubiese caído de la bicicleta durante la infancia, se me hubiese desplazado una rótula y en consecuencia mi pierna estuviese rota ahora todo el mundo entendería perfectamente que no estoy bien y no puedo hacer muchas cosas. Pero cuando lo que está roto es el alma todo se complica. Nadie entiende el porque y continuamente te fuerzan a hacer pequeñas cosas para las que tal vez no estas preparada. Con la pierna rota no se te exigiría correr una maratón. Con el alma rota se te exige salir de casa y seguir como si nada. Aunque pongas todo tu energía en hacerlo y llegar hasta el bar, siempre habrá alguien de lengua afilada para recriminarte por llegar tarde. Es c...

Navidad

Tengo un bajón y de los gordos. De los de no poder salir de casa ni querer hablar con nadie. Perdí el camino, y cuesta tanto encontrarlo de nuevo... Una buena amiga siempre me repite “nunca dejes de escribir”. Y hasta eso he perdido últimamente, hasta las ganas de escribir,de sacarlo todo, de desahogarme. A veces me pregunto en que momento empecé a encontrarme mejor en soledad. No recuerdo una época de mi vida en que no haya deseado estar sola. Ya cuando era niña mi mayor ilusión era que mis padres se fuesen a la piscina con mi hermana para quedarme castigada toda la tarde, sola en casa. No tengo claro si la primera navidad que pase sola fue a los 17 o a los 18 años. Lo más triste es que viendo una película mientras cenaba canelones de atún disfrute mucho más que en esas supuestas maravillosas cenas familiares.  Esos años en los que no tenía contacto con mi padre y en los que mi madre o cenaba con mi abuelo o se iba al pueblo de su novio cené muy bien aco...

Viernes

Recuerdo pocos detalles de los abusos, mi memoria se va ampliando a trazos pero todavía son piezas sueltas de un puzle incompleto. Sin embargo el viernes es el peor día de la semana. Me levanto a veces con una angustia en el pecho que dura casi todo el fin de semana. Y hay algo que tengo claro, es cuando más estrés hay en el trabajo, pero también es cuando se produjeron la mayor parte de los abusos. ¿Puede el subconsciente alterar mi estado de ánimo con esa especie de impotencia indescriptible? Creo que los viernes es mi niña la que toma el mando, la que me recuerda porque ese día todo cuesta el doble y todo duele más. Tal vez es la misma angustia que sentía entonces, al saber lo que el fin de semana deparaba. La impotencia de no saber como evitarlo. La culpabilidad de sentirme cómplice. El maldito silencio aprisionando mi alma y destrozando mi infancia. Es posible que la mente olvidara lo sucedido, pero mi cuerpo si mantuvo vivos esos sentimientos. ...

Borrachos

Con diez años tuve mi primera menstruación. No quería ser mujer, tan sólo deseaba ser una niña y jugar. La mayor parte de mi “educación sexual” se la debo a mi abuelo. El primer vello púbico lo descubrió el y me explico que pronto habría muchos más,examinaba mis pechos para ver como iban creciendo y anticipó que pronto me haría mujer.  La convertí en una excusa, traté de justificar que no tenía ganas debido al malestar que me ocasionaba. Recuerdo que subrayó un artículo de un periódico que afirmaba que las mujeres tenían más ganas esos días y que el orgasmo aliviaba los dolores menstruales. No era yo quien tenía la capacidad de decidir, no era yo quien controlaba mi cuerpo. No era una excusa válida. Ya era mujer y debía comportarme como tal, fuera los pequeños poni y las barbies. Con doce me compró mi primer sujetador y un pintalabios que guardaba en la guantera. Era muy grande para mi edad, y eso hacía que se escondiese menos, casi creo que le gusta...

Ansiedad

Como mucha gente convivo con la ansiedad. Lo peor los ataques de pánico. Imposibles de explicar al mundo. El anterior fin de semana estaba en la cocina y tuve que huir al almacén, de repente esa boca seca y el corazón saliendose del pecho me dejaron indefensa. Todo por que me sentí acorralada y presionada, porque había demasiada gente en mi espacio vital, observando lo que estaba haciendo. Dos personas... Hay días que no soporto la cercanía de nadie y aunque otros en los moriría por un abrazo no llevo nada bien el contacto físico. Incomprensible. Momento de absoluto descontrol en el que o desaparezco y trato de calmarme o estallo. Siempre esta ahí y aunque estoy aprendiendo a no dejarme llevar por ella tengo la sensación de que nunca desaparecerá. He avanzado muchísimo la parte de la agorafobia, una vez doy el paso de salir de casa puedo ir a casi cualquier sitio. No siempre me siento bien, pero lo controlo lo suficiente para no llegar a tener un ataque. A ve...

Hablar

Una vida entera callando. Vergüenza y miedo atenazaban mi secreto y me impedían algo tan simple como hablar. Y sin embargo ahora pienso que es la única manera de sanar mi alma. Empecé a escribir como un intento desesperado para combatir el insomnio. Al principio lo hacía sólo para mí, como un desahogo. Un día decidí dar un paso adelante, abrir este blog y compartir mis pensamientos, mis emociones y mis recuerdos. Simplemente hablando he llegado a donde estoy. No estoy “curada” ni mucho menos, me queda muchísimo camino que recorrer, pero se donde estoy y hacia donde voy. Eso es grande. Expresarme, compartir todo el asco y el dolor incrustados durante años como una parte de mi, ha sido y es completamente liberador. No se en que punto se pierde el miedo al que dirán, a que te miren diferente. Tal vez entender que nunca tuve la culpa fue el paso determinante para vencer la vergüenza. Después de 32 años por fin soy yo de verdad, por fin me arranqué ese antif...

Más recuerdos...

Recuerdos... Como si siempre hubieran estado allí, como si tan sólo rebuscando un poco mi mente liberara todo lo que tuve que encerrar. Piezas de un puzzle abstracto que no se si algún día completaré. Lo único que siempre quise descubrir es la edad en la que su infamia machacó mi infancia. La primera vez, tal vez oculta en lo más recóndito de mi subconsciente. Siempre me dijo que yo lo inicié con tres años, pero quise dudarlo porque es más bonito imaginar que tuve al menos unos años más de inocencia. Curiosidad y miedo. Quiero saber y a la vez temo revivir aquello. He pasado de sentirme maquiavélica, cobarde e insignificante a creerme poseedora de una fuerza de la que quizás carezco. Me obligo a demasiadas cosas, algunas me hacen sentir bien e incluso orgullosa. Salir de casa cada día e ir al restaurante es un esfuerzo tremendo pero conseguirlo me da mucha paz, me demuestra a mi misma que puedo vivir con relativa normalidad. Atender a los clientes conl...