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Pesadillas

Desde que empecé a escribir mis pensamientos y sobre todo desde que los comparto y siento vuestro apoyo he pasado de no poder dormir más de dos horas seguidas a parecer una marmota. No acabo de comprender si es que mi cabeza está tan agotada que necesita mucho descanso o si es una forma de huir de la realidad. Me sigue costando conciliar el sueño pero cuando lo hago hiberno durante horas. Salvo esos días que me asaltan las pesadillas. Son tan reales y tan terroríficas. A través de ellas descubrí mi disociación,porque todas las imágenes las veía desde fuera y sin sentir nada. Como una película siniestra. Exactamente así volvían a mi los recuerdos perdidos. Sin embargo hoy era yo quien veía la escena y se que este cambio es porque estoy preparada para asumir los abusos,pero duele demasiado descubrir esas sensaciones. Siento que en breve me va ha tocar revivir lo que siempre quise olvidar. Hay que enfrentarlo,es otro pasito hacia adelante. Ya no soy la niña as...

Inseguridad

No se si siempre he sido una persona insegura o si soy así a consecuencia de los A.S.I. Tal vez esa inseguridad siempre ha estado ahí y ha propiciado que aceptara sumisamente el silencio, las burlas en el colegio,una relación abusiva,... Quizás me convirtió en una presa fácil que aceptaba que le faltasen al respeto. Con los años mis pensamientos han evolucionado y he aprendido a mantenerme firme en mis convicciones. Y sin embargo debajo de mi caparazón me he sentido dañada muchas veces. A día de hoy no me he liberado por completo de ella. A pesar de estar sobrellevando la agorafobia,la reina de esa sensación que te hace sentir desprotegida en cualquier lugar,no consigo sentirme bien con la gente. Es como si siempre estuviera de más,como si fuera una acoplada para todos,como si cada vez que cuentan con mi socia para algo yo fuera en el lote por obligación. Sé que no es del todo así,el día que fuimos a la piscina incluso me invitaron directamente. Pero no puedo...

Ana Mari, Ana, Amapola

Cuando era niña todo el mundo me llamaba Ana Mari. No es que odiara el nombre, me detestaba a mi misma. Tan pequeña y frágil. Tan solitaria y avergonzada. Tan culpable y sucia. Con el cambio al bachiller a los 15 años cerré para siempre esa etapa. Había parado los abusos y los maltratos pero seguía siendo esa Ana Mari torturada en cuerpo y alma. Ahí fue cuando decidí vivir en la negación. Desde el primer día de clase mi nombre era Ana, Ana Mari había muerto y la enterré en lo más profundo de mi ser. Me aseguré de elegir un instituto lo suficientemente lejano para que nadie de mi pasado me perturbara y de que nadie de mi clase lo hubiera elegido como primera opción. Necesitaba cambiar para empezar a vivir. Me reinventé en una adolescente “guay” y bastante popular. Hice amigos con facilidad y comencé a salir de fiesta y a sentirme normal. Alegaba no tener amigas del colegio porque todas eran “pijas” e insoportables. En cierto modo era verdad, además fueron crueles e insuf...

Saber y sentir

Soy más fuerte de lo que nunca pensé y sin embargo vivo en un mar de dudas. Sé que toda la inseguridad que hay en mí se debe a años de abuso que mermaron mi alma y mi autoestima, y aún así es tan difícil tratar de sanar, duele tanto cada recuerdo que recupero, que quisiera volver a ser como antes, apartarlo a un lado e ignorar la realidad. Pero sigo combatiendo en esta guerra día tras día porque entiendo que es la única salida para liberarme de todos mis fantasmas. Porque se que si vuelvo a fingir que no pasa nada me veré sumida en el vacío otra vez. Porque me niego la opción de volver a caer en la negación de siempre. Se que toda la culpabilidad que me envuelve es más un sentimiento irracional y aún así está ahí, acechando como un ave de presa y apareciendo cuando menos lo deseo. ¿Como mirar a los ojos de quien sufrió mi ceguera?. ¿Como seguir aparentando normalidad?. Cuando siento que fallé en mi responsabilidad... De todas las sensaciones que nos genera el abuso para ...

Pequeña caída

Cuesta tanto sentirse inútil. No llegar a los objetivos que nos ponemos y a lo que se espera de nosotros. Si tan sólo pudiera dormir como las personas normales... Anoche tenía prisa por conciliar el sueño, y en vez de escribir y relajarme me tome la pastilla. Y no se que tiene, porque más que dormir me quedo en coma y luego no consigo despertarme a la hora que debo hacerlo. En consecuencia llega la culpa, por fallar una vez más. Sé perfectamente que lo peor que puedo hacer es forzarme, y sin embargo lo hago continuamente. Todos los días me impongo algo y tarde o temprano tenía que sufrir una derrota. Al despertar y ver la hora me he desesperado. Otra decepción para mí misma y para los demás. Es tan complicado llegar a todo, a un trabajo de muchas horas, a tratar de “ser normal” y relacionarme, a dormir lo necesario y del tirón, a centrarme en mí para tratar de sanar... Pero lo más difícil es pedir ayuda. Nunca he sabido ni he podido. No se si es un problema ...

Tras el antifaz

Vuelvo a hacer vida social. Vuelvo a tener contacto con la gente. Y vuelvo a sentirme enmascarada. Estoy mejor y estoy enfrentando el día a día con sus pequeños retos. Salgo airosa de casi todos ellos. Y sin embargo temo caer en lo mismo. Porque de mi círculo cercano tan sólo una persona sabe mi verdad. Aunque todos se están portando muy bien conmigo, sin reproches ni juicios. Siento que sigo fingiendo. Para ellos tengo depresión, simplemente. Me parece como si los pasitos que voy dando son un arma de doble filo. Quiero estar bien, como todos, pero soy consciente de que el bajón puede llegar en cualquier momento. Que la gente me vea bien hace que me crea “curada”, cuando tan sólo estoy empezando a luchar. Odio que sigan sin comprenderme. Tienen mucho tacto y se portan fenomenal, pero escucho consejos sobre la ansiedad y la depresión que me suenan a arameo. No quiero menospreciar el dolor de nadie, pero no es comparable... Me veo envuelta otra vez en un antifa...

Domingo

Después de dos días de espanto, de horror y desilusión hoy ha vuelto la esperanza. Descubrir que mi niña se sacrificó para nada es demasiado. Demasiadas veces permití el abuso pensando que era ella o yo. En el patio del colegio siempre la observaba, desde mi soledad la veía jugar con otros niños, tan inocente... No quería que compartiera el infierno y a pesar de que crecía y comprendía, lo consentía. Todo en balde. Me decían con cierto orgullo que era su ojito derecho, pero el maldito no era tuerto. Cuando por fin me negué a seguir con esa atrocidad le advertí y le amenacé. Él sabía mejor que yo misma que no podría hablar. Al caer la venda de mis ojos sentí de nuevo el abismo, pero ahora sé como no salirme del camino. Paré la marcha, tomé un descanso y dejé que las lágrimas limpiaran mi alma. El dolor sigue ahí, clavado. Es una nueva herida en el corazón que quizás sea la última en cicatrizar. Pero esta vez no me ha vencido y no he caído. Es la peor de mis culpas y ...